Al revés de todo el mundo, después de los treinta, yo empiezo a fumar.
Me encantan los Virginia Super Slim, porque parecen un porro pero no lo son. Todavía. Obvio que generó todo un revuelo con mi pareja, que odia el pucho. Empecé por una angustia enorme que me atacó a mediados del año pasado. Algo que venía de mi infancia. Pero si no quiero no fumo. No es adicción. Yo, que soy adicta a todo. Me gusta fumar bajo la lluvia tenue, en la reposera del patio, mirando el verde y el gris del cielo.
Simultáneamente, ahora comienzo a necesitar menos de los demás, ya no me carcomen la duda, los celos, la desconfianza, si me estarán engañando con otra. No me interesa.
Contrario a todo, ya no me entusiasma tomarme un champang, una cerveza, nada. Ahora quiero agua.
No me muero por lo que no puedo hacer, por no poder salir, por haber perdido parcialmente mi libertad, desde que nació mi hijo.
Estoy para atrás?
Estoy involucionando?
Estoy enloqueciendo?
Lo que sí sigo deseando es probar tus labios, hoy como ayer.
Y no voy a parar hasta animarme.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados