LLORANDO EN EL CAFE
Ya no puedo caminar
sin mí,
con vos,
lejos del mundo.
Allá las olas doradas
golpean las piedras
apasiblemente.
La arena hunde los cuerpos
sobre la tierra dulce.
Quiero entrar
a las casas blancas,
a las tardes blandas
a la música nocturna
al amor imprevisto
a la risa diaria
al sol en la cara.
Quiero entar
a la fruta roja y madura
al verde imperfecto
al abrazo inmenso
al calor del cielo
a los ojos ciertos
al café, al vino, a la rosa,
al durazno abierto.
Quiero entrar.
