AL PARAISO
Después de varios días de sombras,
he visto el verdor de la vida
que crece,
el olor del hogar,
las noches, las comidas,
el calor de la cama, el universo escondido
entre sábanas abrazadas,
delimitando espacios de placer.
Correr de nuevo,
deslizarme entre la tierra
y el cielo,
Por unos instantes,
se borró el sinsentido.
La muerte cercana o no,
la certeza del final del cuento,
un aire se prestó a ser inhalado
por mi alma
semimuerta, morada
desvalida.
Este cuento continúa
con tu ausencia,
a pesar de ella,
con mis lágrimas,
con llamadas exactas,
con silencios equívocos,
con pesadillas de pérdidas
de infancia.
Con la bruja fuera del ropero,
con la mano sobre mi cabeza
atenta a asestar el golpe,
el tirón de orejas,
el mechón de pelos arrancado.
La eterna pena del que crece
sin creer,
muerta de miedo,
terrror, pánico, abismo.
Vayamonos al paraíso
de tus labios y mis olas
los pies en el agua,
el alma en el cielo,
y el pecho en su lugar.